La lucidez personal no sirve si permanece sola en un monologo aislado

Percepción y locura
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La lucidez personal no sirve si permanece sola en un monologo aislado
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La lucidez personal no sirve si permanece sola en un monologo aislado.

No es que la vida sea hermosa o difícil. Es que, estemos en la situación que estemos, vivimos teniendo en mente las ilusiones de lo que será, del futuro que estamos intentando construir, de las posibilidades que podrían presentarse. No vivimos el momento presente. Y eso es positivo en algunos aspectos, y no lo es en otros.

Si viviéramos el momento presente en un estado de presencia total estaríamos sin ningún pero emocional sin pasado pesándonos ni futuro abrumándonos. Pero eso no es lo común, más bien es raro. Es raro conseguirlo, aunque en algunos casos sea el ideal. Pero nuestro cerebro cotidiano, vive y percibe de otra manera.

Vivimos envueltos en un sueño. Y ese sueño nos mantiene vivos, alegres, tristes, desesperados, dramáticos, ilusionados.

El dilema humano: somos animales que viven en el presente biológico, pero con una mente atrapada en el tiempo narrativo (pasado y futuro). El problema no es soñar, sino confundir el sueño con la realidad y quedar a merced de él.

Los sabios —desde filósofos estoicos hasta psicólogos modernos y maestros orientales— coinciden en un punto clave: la solución no es matar el sueño, sino aprender a ser el soñador consciente. No se trata de elegir entre «vivir el presente» (utópico y raro) o «vivir en la fantasía» (peligroso), sino de tejer un termómetro de lucidez que nos permita navegar entre ambas orillas.

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